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Karol, Adam, Jacob (segunda parte)

El frankismo y la revolución

El frankismo sobrevivió a Jacob Frank. Antes de resumir sus creencias, veamos sus consecuencias. Mandel demuestra que los frankistas apoyaron coherentemente todas las revoluciones. El caso del primo y heredero de Frank es emblemático: Moisés Dovrouschka como judío, Franz Thomas Von Schönfeld como cristiano, Isaac ben Joseph como Masón (41) y finalmente, Junius Brutus Frey como jacobino. Llegado a la Francia revolucionaria, por él calificada de “paraíso en la tierra”, en 1792, es herido durante el asalto de Tuileries del 10 de agosto; termina guillotinado en París con su hermano menor, su cuñado (el ex-hermano Chabot, “primer revolucionario de Europa”) y Danton, en 1794. En la lista del verdugo figura con otro nombre (uno más, uno menos...): Junius Eschine Portock. ¡Gajes de la Revolución! (42). Lo cual no impidió a los frankistas continuar apoyando las revoluciones siguientes: estuvieron entre los jefes de los jacobinos polacos en la revuelta de 1793-1795; también estuvieron en buen número entre los generales de Napoleón, del cual esperaban que fundara el estado judío en Palestina (43); animaron las revueltas polacas de 1830 y 1863 contra el Zar (44). El sostén judío y frankista a las revueltas polacas es particularmente interesante para nuestro tema, ya que Mickiewicz estuvo personalmente implicado e influenció notablemente el patriotismo polaco de Wojtyla.

Jacob Frank: su pensamiento

Se sitúa en el contexto de la Cábala (especialmente Zohar e Isaac Luria) y en aquel, más próximo, de la interpretación que le dio Sabbatai Zevi. Resumo el sistema de Zevi y Frank siguiendo a Gershom Scholem (45). “Según Frank, el cosmos (tevel) (...) no fue creado por el ‘Dios vivo y bueno’ (pág. 200), el cual es el Dios oculto e impersonal de la Cábala”. El pecado primordial de Adán hizo caer las chispas divinas (nitzotzot) en la materia=el mal (kelipot), que está particularmente presente entre los gentiles (pág. 158). La misión del Mesías Redentor, enviado por el Dios bueno, consiste en liberar las nitzotzot del kelipot. Para hacerlo, debe descender al dominio impuro del kelipot para destruirlo. Cuanto más lejos va en la impureza, mejor es; para hacerlo debe cometer los “actos extraños” (ma’ assim zarim). La Redención cósmica (tikkun) se realiza por medio del pecado: “es violando la Tora que se la cumple” (bittulah shel Torah zehu kiyyumah) (pág. 146); “bendito seas Tú, Señor Dios nuestro, Rey del universo, Tú que permites lo que está prohibido” (pág. 180). Los “pneumáticos”, los “espirituales”, los “extravagantes”, los “maestros del alma santa” (pág. 152) no pecan cometiendo el mal, sino que paradójicamente aceleran la Redención. Los pecados preferidos son: la violación de la Tora de beriah (la ley de Moisés) para reemplazarla por la Tora de atzilut, que es su exacto contrario; los excesos sexuales de todo género, a imagen de la unión que se da en Dios entre la parte masculina y la femenina (págs. 181-182); y finalmente, la apostasía. La apostasía y el marranismo (al menos para el Mesías) son necesarios (pág. 176), con la consecuente obligación del secreto sobre la verdadera fe judaica conservada por el falso converso. “Recordando a Sabbatai Zevi, ellos podían tolerar su [de Frank] conversión al Islam, pero no podían tragar el bautismo cristiano”. Sin embargo, Frank explicó a sus discípulos: “El bautismo era un mal necesario, el punto más bajo de la pendiente hacia el abismo, tras el cual comenzaba la ascensión. (...) El bautismo sería el comienzo del fin de la Iglesia y de la sociedad, y ellos, los Frankistas, habían sido elegidos para realizar la destrucción desde el interior, ‘como soldados que toman por asalto una ciudad pasando a través de las cloacas’. Por el momento, eran de rigor el secreto más absoluto y la disciplina más estricta; así como una conformidad meticulosa a los preceptos y las prácticas de la Iglesia, a fin de no levantar sospechas. Mientras observaban exteriormente los preceptos de la Iglesia Católica, no debían perder nunca de vista su verdadero fin, ni olvidar que estaban vinculados unos con otros” (46).

A menudo, el Mesías-marrano es visto como una encarnación del Dios bueno (págs. 194-195). En las diferentes emanaciones de éste, Zevi era la encarnación del “Santo de los antiguos días”; Frank era la del “Santo Rey”; la hija de Frank, Eva, era la encarnación de la Shekhina. Si hay un elemento femenino en Dios, debía haberlo también en el Mesías: “¡pues ella [Eva Frank] es el verdadero Mesías! Ella salvará al mundo” (Mandel, pág. 107). La divina Sophia, la Gnosis, es la “serpiente sagrada” del jardín del Edén (págs. 204-205), que se vuelve a hallar cometiendo el “pecado sagrado”, como hemos visto. El mismo Scholem, que sin embargo está como fascinado, califica esta doctrina de “satánica”. Esta doctrina es al mismo tiempo: nihilismo (ya que todo debe ser destruido), anomeismo (ya que es enemiga de toda ley, moral, mandamiento y religión), esoterismo (ya que es una doctrina “mística” y secreta) y, finalmente, gnosticismo. La semejanza con los peores gnósticos (tales como Carpocrato) es impresionante (págs. 205-206). Esta semejanza se explica por el origen judío y cabalístico de la gnosis (47). En el plano social, el Frankismo proyectaba un Sionismo sin Sión, es decir, la creación de un estado judío, pero no en Israel (“territorialismo”), la destrucción de la Religión, de la Iglesia, del Estado, y de toda moral.

Conclusión

Llegados al término de nuestro estudio, se impone una conclusión. Y aquí debemos evitar caer, me parece, en dos excesos opuestos. Por un lado, nuestra conclusión sobrepasaría las premisas si se afirmase la identidad de pensamiento entre Adam Mickiewicz y Jacob Frank, y entonces, a fortiori, entre éste y Karol Wojtyla. Pero, por otro lado, negar toda influencia de Frank sobre Mickiewicz y de éste sobre Wojtyla, sería todavía menos realista. Establecer la profundidad de estas influencias recíprocas permanece una cuestión abierta. Después de haber recordado las relaciones más que amistosas de su juventud con la comunidad judía de Wadowice (48), y las mantenidas más tarde como obispo con la comunidad de Cracovia, Juan Pablo II declara a Vittorio Messori: “Elegido a la Sede de Pedro, conservo en el fondo del alma aquellas cosas que tienen raíces muy profundas en mi vida. Con ocasión de mis viajes apostólicos por el mundo, busco siempre encontrarme con los representantes de las comunidades judías. Pero la visita a la sinagoga de Roma fue para mí, sin ninguna duda, una experiencia absolutamente excepcional. (...) Durante aquella visita memorable, definí a los judíos como hermanos mayores en la fe. Estas palabras resumen cuanto ha dicho el Concilio, y que no puede no ser una profunda convicción de la Iglesia. (...) Este pueblo extraordinario lleva siempre en sí los signos de la elección divina. (...) Es verdad que Israel pagó muy caro su ‘elección’. Es quizás gracias a esto, que se ha hecho más semejante al Hijo del hombre...” (49). Para todos aquellos que, como nuestros lectores, conocen el pensamiento de Mickiewicz sobre el pueblo judío, la influencia de éste sobre Juan Pablo II es evidente, como es evidente la influencia sobre Mickiewicz de sus propios orígenes judíos.

Es así que la “pista” Mickiewicz nos ha llevado al esoterismo, a la masonería, a la cábala. Y no es la única pista, hay otras que podríamos seguir... Por ejemplo, la de Mieczyslaw Kotlarczyk (uno de los maestros directos de Wojtyla), que nos conduce a la Teosofía de Madame Blatvasky y a la tradición judía de Ismar Elbogen, como admite el mismo Buttiglione (op. cit., pág. 35, n. 3). También se podría hablar de Husserl y Scheler, de Soloviev y Bulgakov (que nos llevan nuevamente a la Sophia presente en Dios), de Buber y Levinas... y me reservo de volver a estos temas. Pero me parece haber echado luz suficientemente sobre el origen histórico y cultural, quizás también familiar, de una de las más celebres expresiones de Juan Pablo II; gracias a la cual, por tomar el título de un libro del gran rabino Toaff, los “pérfidos judíos” se volvieron nuestros “hermanos mayores”.  

Padre Francesco Ricossa

Notas

1) H. de Lubac, La postérité spirituelle de Joachim de Fiore. II. De Saint-Simon à nos jours. Lethielleux, París 1981, pág. 281.

2) Juan Pablo II visitó el santuario de la Mentorella el 29 de octubre de 1978, cf. La Documentation Catholique, 1978, págs. 958-959.

3) R. Buttiglione, Il pensiero de Karol Wojtyla, Jaka Book, Milán 1982, págs. 33 y 34, n. 2; en fr.: “La pensée de Karol Wojtyla”, Communio, Fayard, pág. 37 y 38, nota 2. “En un primer momento, bajo la influencia de su medio, los tres habían casi perdido la fe; Janski era incluso uno de los miembros directores de la escuela filosófico-social de los sansimonianos. Estando insatisfecho en su búsqueda de la ‘verdad’, abandona la secta y, a incitación del poeta Adam Mickiewicz, funda con los otros dos la nueva sociedad religiosa, con el propósito de sostener la fe vacilante de los emigrantes y reformar, a través de ellos, la nación entera” (Enciclopedia Cattolica, Ciudad del Vaticano, 1953, vol. X, col. 818, voz Resurreccionistas).

4) Por limitarnos a los inicios de su pontificado, Juan Pablo II ha citado a Mickiewicz en el “Mensaje a los polacos” del 23 de octubre de 1978 (DC nº 1752, del 19/11/78, pág. 954), y dos veces durante su primer peregrinación a Polonia: el 3 de junio de 1979 en Gniezno (“Alocución a los jóvenes”, DC nº 1767 (13) del 1/7/79, pág. 613), y al día siguiente en Jasna Gora (ibidem, pág. 614).

5) De Lubac, op. cit., págs. 237-238, n. 5.

6) Estas noticias biográficas y las siguientes, están tomadas de la Enciclopedia Cattolica, op. cit., VIII, col. 964-965, voz Mickiewicz.

7) Cf. Buttiglione, op. cit., pág. 38. Para el texto de la Encíclica, ver Enchiridion delle Encicliche, Dehoniana, Boloña 1996, vol. II, nros. 16-23.

8) H. de Lubac, op. cit., pág. 265, n. 2, donde M. es comparado a Maurice Blondel, Pierre Teilhard de Chardin y Hans Urs Von Balthasar.

9) W. Godlewski, Les Pélerins de l’avenir, Mickiewski et Lamennais. Revue des sciences humaines, 1955; cf. H. de Lubac, op. cit., pág. 240.

10) Sobre Napoleón como Mesías de los Judíos, ver A. Baletti, Gli Ebrei e gli Estensi, Forni [1930] 1827, pág. 241. Sobre el mito de Napoleón, que retoma aquel, más antiguo, del “gran emperador”, cf. de Lubac, op. cit., págs. 255-257; y también G. Vannoni, Le società segrete, Sansoni, Firenze 1985, págs. 165-170. Para los revolucionarios polacos había un motivo suplementario para venerar a Napoleón: ellos veían en él a quien había (provisoriamente) “liberado” Polonia de los rusos.

11) Enciclopedia Cattolica, op. cit., vol. XII, col. 394, voz Towianski.

12) “En medio de la lucha Dios hace resonar/ una inmensa campana/ Por un Papa eslavo/ Él ha preparado un trono.../ Atención, viene el Papa eslavo/ Un hermano del pueblo” (citado por Buttiglione, op. cit., pág. 34).

13) E. Rosa, Una fonte ignorata del modernismo di Antonio Fogazzaro, en Civiltà Cattolica, 1912, III, págs. 3-18; 1913, IV, pág. 557 y sig. Towianski tuvo discípulos en Italia, especialmente en Turín. Sobre estos discípulos, cf. Annamaria Sani, Tra modernismo e pacifismo. Il carteggio Favero-Colombo, en Contributi e documenti di storia religiosa - Quaderni del Centro Studi ‘C. Trabucco’, nº 19/1993, Turín, págs. 39-68. Hasta hubo un obispo towianskista, Mons. Luigi Puecher Passavalli (1820-1897) (y un simpatizante, Mons. Bonomelli), y todos los towianskistas eran ecumenistas, colaborando incluso con el pastor valdense y masón Ugo Ianni (1865-1938), que toma de Towianski la teoría de la metempsicosis (cf. C. Milaneschi, Ugo Ianni, pioniere dell’ecumenismo, Claudiana, Turín 1979, pág. 113 y M. Moramarco, Nuova enciclopedia massonica, Bastogi, Foggia 1997, II, págs. 30-33). También fue seguidor de Towianski el patriota mazziniano Scovazzi, que inauguró el busto de Mickiewicz en el Capitolio en 1879. Sobre Towianski existe también en Italia un libro que no pude consultar: A. Zussini, Andrey (sic) Towianski. Un riformatore polacco in Italia, Dehoniana, Boloña 1970.

14) Cf. de Lubac, op. cit., pág. 254. Entre otros “nuevos Montanistas” estaba también Luis XVII, llamado Charles-Guillaume Naundorff († 1845); fundó una iglesia “católica  y evangélica”, por lo que fue condenado por Gregorio XVI.

15) M. escribe: “Sin embargo no se trata, digámoslo claramente, ni de reformas, ni de innovaciones, ni de revoluciones religiosas, pero sí se espera una nueva manifestación del espíritu cristiano. La mariposa que, al salir un sol primaveral, se eleva al cielo, no es una crisálida reformada, pasada o renovada; es siempre el mismo ser, pero elevado a una segunda potencia de vida; es una crisálida transfigurada. El espíritu cristiano está pronto a salir de la Iglesia Católica; solo que el clero oficial no tiene bastante luz y calor para hacerlo surgir...” (cit. por de Lubac, págs. 268-269). ¿El Vaticano II no fue “la primavera de la Iglesia” y su “nuevo Pentecostés”?

16) M. no es el único revolucionario en magnificar el espíritu profético del contra-revolucionario de Maistre o en haber sido influenciado por él: baste citar a Saint-Simon y Enfantin (de Lubac, págs. 26-27 y 33); Comte (pág. 32); Lammenais (pág. 51); Buchez (pág. 114); Laverdant (pág. 300); el ocultista abbé Constant, alias Eliphas Levi (pág. 325); Vintras, otro ocultista (pág. 330); el ya citado Ciezszkowski, amigo de M., para el cual de Maistre es “el último de los grandes doctores de la Iglesia” (pág. 387); Tchaadaev (pág. 397). Y uno queda perplejo ante la admiración que le profesaba Baudelaire, el autor de Les fleures du mal. Es verdad que un autor no es responsable de los errores de quien admira, pero el lector podrá hallar el fundamento de esta extraña admiración en el artículo del Padre Nitoglia que se publicará en el próximo número.

17) La larga cita, que tuve que cortar, es puramente de Péguy, como señala de Lubac. Péguy era admirador de M.

18) De Lubac transcribe las partes esenciales en las págs. 458-463. Resumo a de Lubac en la pág. 270.

19) Se sabe la veneración de la cual es objeto San Juan en las logias masónicas, por oposición a San Pedro, como modelo de una Iglesia mística y espiritual. “Joaquín de Fiore ponía al Apóstol amado de Jesús por encima de todos los otros santos. Le aplicaba la frase del salmista: ‘no dejaras que tu santo sufra corrupción’. Así como el de la madre de Jesús, tampoco el cuerpo de Juan había sido sepultado (...) Sin conservar habitualmente este aspecto, la posteridad de Joaquín de Fiore hizo, como hemos visto, constante referencia a San Juan. Es así que Krasinski también recurre a él en su ‘Noche de Navidad’, para confiarle la herencia de Pedro, y se notará que en su relato ‘el anciano de los ancianos’ es Pedro; mientras que Juan, ‘el hombre vestido de púrpura’, aparece como un joven jefe, dueño del futuro. También en la Masonería, a la cual pertenecieron muchos personajes que forman desde el siglo XVIII la trama de nuestra historia, San Juan ocupa frecuentemente un lugar de honor” (de Lubac, op. cit., págs. 283-284, expone en las páginas siguientes el papel que la masonería atribuye a San Juan). Existe una corriente análoga entre ciertos “tradicionalistas” actuales, que esperan el retorno de San Juan, siempre vivo según ellos, para resolver la “crisis de la Iglesia”!

20) Puede ser útil confrontar esta cita de M. con las palabras conclusivas de la obra Du Pape, de Joseph de Maistre.

21) Sobre los Filaletas, masonería de tendencia oculto-martinista, cf. A. Barruel, Mémoires pour servir à l’histoire du jacobinisme (1818), D.P.F., Chiré 1973, vol. II, págs. 314, 318, 414; A. Mackey, Encyclopedia of Freemasonry, ed. revisada y corregida de 1953, Masonic History Company, Chicago, vol. II, pág. 771; L. Troisi, Dizionario Massonico, Bastogi, págs. 166-167; A. Mellor, Dictionnaire de la Franc-maçonnerie et des francs-maçons, Belfond, 1971-1979, pág. 184; Moramarco, op. cit., vol. I, pág. 373, según el cual las logias disueltas de Martinez de Pasqually se fusionaron en los Filaletas; N. Berberova, Les Francs-maçons russes du XXème siècle, Noir sur blanc/Actes sud, 1990, pág. 24, que nos dice como para los Filaletas rusos “las manifestaciones del más allá eran su principal ocupación”: un punto común con Towianski y Mickiewicz, muy ocupados en dialogar con los Espíritus (Cf. por ej. de Lubac, págs. 262, 250, etc. En cuanto a M., esta idea se encuentra ya en su obra maestra Dziady [Los antepasados] de 1821-1822).

22) Berberova, op. cit., pág. 15. Mackey (op. cit., vol. 2, págs. 893-894), que reconoce la afiliación masónica de los decabristas, escribe que ya el 1º de agosto de 1822, Alejandro I, preocupado por la situación polaca, había disuelto todas las sociedades secretas.

23) Enciclopedia Italiana (Treccani), voz Mickiewicz.

24) Jacob Böhme (1575-1624), uno de los más grandes cabalistas “cristianos” (era protestante). A caballo sobre los siglos XVIII y XIX, sus escritos se convirtieron en la principal fuente de inspiración de la masonería “mística” y romántica. Sobre él, cf. P. Julio Meinvielle, De la Cábala al progresismo, Ed. Epheta, Buenos Aires, 1970; ed. italiana a cargo de E. Innocenti, con el título Influencia del gnosticismo judaico en el ambiente cristiano, Roma, 1988, págs. 177-184; y de Lubac, op. cit., vol. I, págs. 218-225. Böhme es partidario de la teoría del elemento femenino en la divinidad, como lo serán más tarde Soloviev y... Juan Pablo II.

25) Sobre Louis-Claude de Saint-Martin (1743-1803), el “filósofo desconocido”, no me extiendo, ya que el Padre Nitoglia habla de él exhaustivamente en su artículo ¿Joseph de Maistre esotérico? Los dos “maestros” de Saint-Martin, Martinez de Pasqually y Böhme (el cual fue iniciado por Madame Boeklin), nos conducen ambos a la Cábala.

26) De Lubac escribe en nota: “Le Voile d’Isis [la revista en la que escribía René Guénon] publicó en abril de 1930, nº 124, págs. 269-286, diversos pasajes de M., bajo el título: ‘El sistema de Jacob Böhme’ ”. M. realiza estadías en Dresde hacia los años 1829-30, y luego en 1832. Con ocasión de su primer estadía, M. viaja también a Weimar, en donde se hace amigo del poeta (¡Rosacruz y ex-Iluminado de Baviera!) Goethe (cf. de Lubac, pág. 248).

27) Emmanuel Swedenborg, llamado “el mago del norte” (1668-1722). Como Towianski y M., y más que ellos, Swedenborg “hablaba” cotidianamente con “ángeles”, espíritus y “difuntos”. “Desde el día siguiente a su muerte, numerosas Logias lo adoptaron, tales como, en París, la logia de los ‘Amigos reunidos’, luego el ‘Régimen de los Filaletas’ o Buscadores de la verdad. Su doctrina se mezclaba con las de Böhme, Martinez de Pasqually y otros” (de Lubac, vol. I, pág. 263).

28) Naturalmente, M. concede un gran valor a la “tradición”: “No hay religión sin una institución que la mantenga; no hay institución verdaderamente viva sin tradición. Es decir, sin una serie de hombres que ‘tradunt’, que transmitan la verdad de mano en mano”. “El Espíritu hace vivir a la Iglesia y obra mediante la tradición” (citado por de Lubac, págs. 263 y 265). Pero, ¿de qué tradición habla?

29) Cf. de Lubac, op. cit., pág. 280. Cf. Encyclopedia Judaica, Macmillan, New York-Jerusalén 1971, vol. VII, col. 1501, voz M. En pleno centro de los acontecimientos convulsivos de la revolución de 1848, el “Símbolo” de M. obtiene incluso la autorización de la censura eclesiástica gracias al Padre Ventura (1792-1861), también él tradicionalista discípulo de Lamennais, que en el mismo año ve terminar su nombre en el Index junto con el de M. A continuación, en 1849, Ventura adhiere a la República romana de Mazzini, pasando así de la “Contra-revolución” de de Maistre y de Bonald, sus primeros maestros, a la “Revolución” liberal y democrática de Lammenais.

30) En efecto, no olvidemos que Israel estaba entonces bajo la dominación turca. La intervención de la brigada judeo-polaca al lado de Turquía contra Rusia habría podido conseguir una cierta forma de cesión de Palestina a los judíos por parte de los turcos.

31) R. Buttiglione, op. cit., pág. 39, nota 8.

32) Célebre pianista, cantada por Goethe, quien se había enamorado de ella y de su hermana Casimira. Las dos hermanas se llamaban Wolowski y eran nietas de Shlomo Schorr, bautizado Wolowski (‘buey’en hebreo se dice shor, y en polaco wol), asistente de Frank. María Wolowska se casa con otro frankista, Joseph Szymanowski, general napoleónico (Mandel, pág. 98), son los suegros de M. (Mandel, pág. 151). Los dos hermanos Schorr-Wolowski (Franz Shlomo y Michael Nuta) eran los miembros más antiguos de la secta (Mandel, pág. 160) e hijos del rabino Elisha Schorr. “Interrogados por un tribunal rabínico, algunos Frankistas admitieron haber tenido relaciones sexuales con mujeres casadas en presencia y con el permiso de sus maridos, mientras que otros confesaron relaciones incestuosas. Un ejemplo probatorio, mucho antes de la aparición de Frank, era la familia del rabino de Rohatyn, Elisha Schorr; cuya hija Hanna, una especie de sacerdotisa frankista, recitaba en estado de exaltación sexual pasajes enteros del Zohar, la Biblia cabalística” (Mandel, pág. 56).

33) A. Mandel, Il Messia militante, Arché, Milán 1984, págs. 151-152. Las fuentes de Mandel sobre las relaciones de M. con el frankismo son: Mieses, Polacy-Chrzescijanie pochodzenia zydowskiego (Cristianos polacos de ascendencia judía), vol. II, pág. 119 s.; Duker, Some cabbalistic and frankist elements in Mickiewicz’ Dziady, en Studies in Polish Civilsation, 1966, pág. 213 s.; Scheps, Adam Mickiewicz, ses affinités juives.

34) A. Mandel, op. cit., pág. 86.

35) Sabbatai Zevi tuvo un particular éxito entre los marranos hispano-portugueses. Sobre esta cuestión cfr. Yosef Hayim Yerushalmi, Dalla corte al ghetto. La vita, le opere, le peregrinazioni del marrano Cardoso nell’Europa del Seicento; Garzanti, Milán, 1991, capítulo VII. El autor ve también una correlación entre Sabbatismo y Sebastianismo (págs. 273-276). Según esta última forma de mesianismo (Pessoa era un adepto), el Rey portugués Sebastián, muerto en 1578, volvería para salvar a su pueblo de la dominación de la corona española. Fueron los marranos portugueses quienes mantuvieron esta leyenda, sostenidos por “el apóstol de Brasil”, el jesuita Antonio Vieira, quien justamente en 1666 había anunciado el retorno de Sebastián para el mismo año (pág. 273). Amigo de los marranos y enemigo de la Inquisición, Vieira fue encarcelado tres años por ésta (1665-1667) (cf. C. Roth, Histoire des marranes, Liana Levi, 1992, págs. 271-275). La semejanza entre el mesianismo nacional portugués y el polaco es impresionante; ambas clases de mesianismo venían del judaísmo, que en Portugal tuvo un papel de primer orden (recordemos que la independencia de España, obtenida en 1640 con la dinastía de los Braganza, fue obra de los complots marranos (cf. Roth, op. cit., pág. 86 y 269).

36) A. Mandel, op. cit., pág. 99.

37) A. Mandel, op. cit., pág. 103.

38) A. Mandel, op. cit., pág. 107.

39) A. Mandel, op. cit., págs. 126-127. Sobre la orden de los “Hermanos Asiáticos” o “Hermanos de San Juan evangelista de Asia en Europa”, ver también: Jacob Katz, Juifs et franc-maçon en Europe, Cerf, París 1995, págs. 49-94.

40) A. Mandel, op. cit., pág. 156.

41) Katz, op. cit., pág. 63.

42) “Gershom Scholem considera a Frey como una personalidad fuera de lo común y un verdadero frankista: mitad judío y mitad cristiano; mitad cabalista y mitad reformador; mitad jacobino y mitad espía, terminó víctima de sus propias maquinaciones y se llevó su secreto a la tumba” (A. Mandel, op. cit., pág. 210).

43) A. Mandel, op. cit., págs. 161-163.

44) A. Mandel, op. cit., pág. 66 y 98-99.

45) G. Scholem, Le messianisme juif, Calmann-Lévy, 1974.

46) A. Mandel, op. cit., pág. 85.

47) Cf. Meinvielle, op. cit., cap. I; E. Peterson, orígenes de la gnosis, en la Enciclopedia Cattolica, vol. VI, col. 879-882, voz Gnosis.

48) A este respecto, se puede consultar el libro de Gianfranco Svidercoschi, Lettera a un amico ebreo. La storia semplice e straordinaria dell’amico ebreo di Karol Wojtyla, Mondadori, Milán 1993. El texto de Mickiewicz sobre los judíos “hermanos mayores” es citado en la pág. 32.

49) Juan Pablo II con Vittorio Messori, Varcare la soglia della speranza, Mondadori, Milán 1994, págs. 111-112.

 

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